El fin del gerente de cuentas (y por qué nadie lo va a extrañar)
Hola, mundo. Lo que un día fue un cargo estratégico se convirtió en una función burocrática. El gerente de cuentas, que debería liderar la relación con el cliente e impulsar el negocio, ahora solo gestiona aprobaciones, revisiones y plazos.
Esto no pasó por casualidad. El mercado dejó atrás el modelo de contrato fijo para pasar a proyectos puntuales, y mucha gente fue quedando en el camino. ¿El problema? Mientras la demanda cambió, el papel del gerente de cuentas no evolucionó con ella.
Ahora, la verdad: ya no se puede mantener a gente que solo reenvía briefings y responde correos. El mercado no necesita supervisores, necesita a quien construye, entrega y resuelve.
¿Cómo empezó esto?
Tiempo atrás, cuando lo digital empezó a ganar espacio, la lógica de las consultorías era diferente. Todo el equipo entregaba valor de forma directa: mientras un estratega definía el camino, diseñadores y desarrolladores creaban la solución, y los productores garantizaban que todo saliera del papel.
El problema llegó cuando la publicidad intentó copiar ese modelo. En lugar de crear equipos más ágiles, montó un sistema lleno de capas, donde el trabajo real tardaba en suceder. Con clientes pagando fortunas por pequeñas revisiones de correo, nadie lo cuestionaba. Pero entonces el juego cambió.
Con menos contratos fijos y más trabajo puntual, la estructura antigua empezó a desmoronarse. Hoy, nadie quiere pagar para mantener a un equipo gigante haciendo ajustes mínimos en PowerPoint.
El nombre importa (más de lo que parece)
Cuando se habla de un gerente de cuentas en el mercado publicitario, la imagen que viene a la cabeza es la de alguien que solo hace de puente entre cliente y equipo.
Ahora, mira lo que hace un gerente de cuentas en tech o en ventas: trae ingresos, crea relaciones e impulsa el crecimiento.
El contraste no podría ser mayor.
Y no es solo semántica. El modelo tradicional de agencia formó especialistas en repartir tareas. Les piden a los estrategas que creen planes, a los diseñadores que hagan presentaciones, a los productores que ajusten cronogramas. Pero, al final, no hacen nada en realidad.
¿El problema? En un mercado donde el valor se mide por el impacto real, ser solo un intermediario no es suficiente.
El futuro pertenece a quien hace
Ya quedó claro que más supervisión no significa mejor entrega. Al contrario: el exceso de gente en la jugada solo aumenta la burocracia y retrasa el trabajo.
Las mejores agencias ya entendieron que el modelo antiguo murió. En lugar del gerente de cuentas tradicional, surge un nuevo perfil: el profesional que hace que todo suceda.
Lo llaman el modelo octopus.
Gente que no solo entiende al cliente, sino que también define la estrategia, garantiza la entrega y traduce la visión creativa en resultados reales. Profesionales que transitan entre el pensamiento estratégico y la ejecución sin trabarse a mitad de camino.
Y ahora, ¿qué hacer?
Tres cambios que pueden salvar tu agencia:
1. Acabar con las barreras entre funciones. El mercado no necesita silos. Necesita gente versátil, que resuelve.
2. Traer gente de fuera. Tech, consultorías, startups – las nuevas ideas no nacen dentro de burbujas publicitarias.
3. Valorar la mentalidad de crecimiento, no solo la experiencia. El mercado cambia rápido. Quien no aprende y se adapta, se queda atrás.
El juego ya cambió. La pregunta es: ¿quién se va a ajustar y quién va a desaparecer junto con el modelo antiguo?